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Cartofonías

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Exposición de Pedro Guirao
 
Dentro de la Convocatoria de Proyectos de Creación Artística 2026
 
En el capítulo quince de El Principito, Saint-Exupéry nos presenta a uno de los personajes: el Geógrafo. Vive rodeado de libros enormes, ocupa un escritorio monumental, y su función es registrar y conservar el conocimiento de todos los mares, ríos, ciudades y montañas del universo. Sin embargo, nunca ha visto ninguno. Desconoce si en su propio planeta existe o no un océano, porque para saberlo necesitaría exploradores que vinieran a informarle, y los exploradores, cuando llegan, deben ser interrogados sobre su moralidad antes de que sus testimonios puedan ser consignados. El Geógrafo no visita el territorio, espera que el territorio venga a él, mediado, clasificado, certificado.
 
En Cartofonías no hay exploradores que reporten, no hay mediación ni protocolo. Hay manos que tocan, que pliegan, que rasgan, que frotan. Y hay papel que responde con su forma transformada y con su sonido. El mapa no es aquí un documento elaborado a distancia del territorio, sino el territorio mismo, generado en el acto de la exploración.
 
La separación radical entre el mapa y el territorio que Korzybski* teorizó, se desactiva en Cartofonías. El Geógrafo acumula representaciones de lugares que nunca ha pisado, construye un archivo gigantesco de lo que otros han visto por él. Su cartografía es siempre diferida, siempre indirecta. En Cartofonías se producen mapas que son inseparables del acto que los originó; no representan un gesto, son el gesto. Los pliegues no evocan montañas, son montañas. El sonido no describe la acción, es la acción reproducida en el tiempo.
 
* Alfred Korzybski, científico y filósofo polaco-estadounidense, acuñó la frase “El mapa no es el territorio” como parte de su teoría de la semántica general en su obra Science and Sanity: An Introduction to Non-Aristotelian Systems and General Semantics (Ed. Institute of General Semantics, 1933).
 
Hay algo inquietante en el silencio de un papel en blanco, la certeza de que ese fragmento de celulosa comprimida ya contiene, en potencia, todos los territorios posibles, los conocidos y los inexplorados. Esta exposición se presenta como una invitación a recorrer y explorar un paisaje donde la materia se muestra como un cuerpo desnudo, con una voz que normalmente no escuchamos porque no nos hemos detenido a hacerlo.
 
Este viaje se articula a través de 8 piezas que relatan, si esto fuera posible, el camino recorrido hasta ahora en este proyecto.
 
Ciclomapa es el umbral. La primera pieza que encuentra el visitante al entrar en la sala, y también la única que no trabaja con la memoria del gesto sino con su presencia continua. Un papel recortado en forma circular gira sin detenerse sobre el plato de un giradiscos, rozando levemente otro papel suspendido en vertical. De ese contacto nace un sonido amplificado y sostenido que acompaña todo el recorrido, perdiéndose gradualmente a medida que el visitante se adentra en la exposición. Esta pieza no registra una acción pasada; la produce ahora, ante nosotros, sin intervención humana, con la indiferente puntualidad de un mecanismo. Es el único sonido vivo de la exposición. Todo lo demás es, en cierto sentido, fósil.
 
Archipiélago no es simplemente un conjunto de islas, es un sistema de separaciones habitadas. Cada isla tiene su origen geológico propio —volcánico o continental—, su ecosistema particular, sus condiciones únicas; y al mismo tiempo comparte con las demás una historia común, una misma cuenca oceánica que las relaciona sin fundirlas. Los papeles individuales de pequeño formato que componen esta pieza son el resultado de una única acción de manipulación. Equidistantes, ordenados, autónomos. Cada papel tiene su sonido propio —el registro acústico exacto del gesto que lo transformó—, y ese sonido se reproduce sin mezclarse con los demás, distribuido en el espacio acústico con la misma lógica de separación que rige la disposición visual. Lo que une a estas islas no es la continuidad sino la pertenencia; todas proceden de la misma materia, y de un único gesto sobre ésta.
 
Territorios trabaja con una escala diferente y una tensión más compleja. Un territorio es una construcción, una porción de espacio delimitado, reclamado, habitado y cargado de significado. El territorio no preexiste a quien lo habita; se produce en la relación entre la materia y la acción humana sobre ella, entre el suelo y quien lo nombra. En este políptico, los papeles ya no son entidades aisladas, sino que se relacionan entre sí en composiciones a modo de collage, papeles de distinta textura, tamaño, color y gramaje que conviven en el mismo plano, creando fronteras internas, zonas de fricción y zonas de calma.
 
Partitura de Cráteres trabaja con la violencia pequeña y repetida. Los cráteres reales son la huella de una colisión. No hay cráter sin impacto previo. Un papel rectangular apaisado atravesado por múltiples perforaciones de distinto tamaño, una constelación de heridas sostenida en un atril. Y, sin embargo, lo que queda después no es destrucción sino topografía. La iluminación lateral proyecta sobre esos agujeros sombras alargadas que transforman la superficie en un paisaje extraño, casi lunar. La pieza sonora que acompaña a esta obra, desarrolla un ritmo aleatorio construido con los sonidos capturados al perforar el papel tensado. El papel es aquí mapa, paisaje y partitura.
 
Desfiladeros da nombre a una de las formaciones geológicas más dramáticas y más lentas del planeta; un paso estrecho y profundo entre montañas que el agua talla durante millones de años en la roca. Un desfiladero es, antes que nada, una dirección. El agua desciende, se cuela por la fisura más pequeña, avanza siempre en el mismo sentido, erosionando capa tras capa hasta que el cañón tiene paredes verticales y el río corre en el fondo. Esta direccionalidad estricta es la que estructura esta obra, papeles verticales manipulados de manera progresiva de arriba a abajo, siguiendo una única dirección. El papel, en su estado final, muestra una secuencia de acciones sucesivas que pueden leerse como se lee un itinerario. Y la pieza sonora correspondiente reproduce los sonidos en el mismo orden de progresión. El tiempo del gesto queda inscrito en el espacio del papel, y el sonido lo restaura en el tiempo de la escucha.
 
Las arenas movedizas son un fenómeno donde un material que parece sólido se comporta como líquido en cuanto se le aplica presión o movimiento; un fluido no newtoniano, estable en reposo, inestable en cuanto algo lo perturba. La obra Tierras Movedizas funciona bajo una lógica análoga: ocho papeles de distintos tamaños y formas, manipulados y fijados en la pared, cada uno con su altavoz propio. En el centro, una mesa de mezclas con ocho potenciómetros. El visitante puede girarlos, subirlos, bajarlos, combinarlos, generar paisajes acústicos que nadie ha generado antes y que no se repetirán igual. Pero ninguna composición es definitiva, el sistema es siempre inestable, siempre disponible para ser alterado de nuevo.
 
Atlas es la única pieza donde el papel recupera su función histórica, la de soporte. Un cuaderno recoge las representaciones gráficas de las ondas sonoras registradas durante todo el proceso de creación del proyecto. Fichas escritas a mano documentan cada acción, cada grabación, cada tipo de papel utilizado. Fotografías del estudio muestran el trabajo en su estado más íntimo y provisional. Todo ello encerrado dentro de una urna de cristal sobre una peana, sin sonido. Es el archivo y registro de un proceso. El papel vuelve aquí a ser soporte, aunque en este caso el contenido que soporta es él mismo.
 
Los Badlands —tierras malas, tierras baldías— son paisajes formados por una erosión tan intensa que los hace casi imposibles de atravesar. Cañones, barrancos, agujas rocosas, colinas de formas caprichosas que no sirven para cultivar ni para construir. Durante siglos fueron considerados territorios sin valor, zonas de paso imposible que los mapas marcaban como advertencia. Pero los badlands esconden una paradoja: son yacimientos paleontológicos excepcionales, precisamente por esa erosión agresiva que los hace inhabitables. Las capas de roca expuestas son páginas de la historia de la Tierra que en ningún otro lugar se pueden leer con tanta claridad. Sobre una mesa, los fragmentos de papel descartados durante la realización de las otras piezas —recortes, residuos, sobras del proceso— se acumulan sin orden aparente, formando un paisaje irregular y denso. Son capas de memoria que también relatan, desde su silencio, la historia del proyecto y construyen un nuevo territorio. Lo que en otro contexto sería basura es aquí fósil.
 
Que la exposición tenga lugar en la sala Pablo Puente del Centro Cultural Las Claras no es un detalle menor. Los restos arqueológicos visibles en este espacio generan un diálogo natural con la propuesta. Los papeles que se articulan en la exposición son también vestigios, los restos materiales de gestos ya concluidos, huellas de acciones que ya no están pero que dejaron su marca. La sala convierte la exposición en una superposición de estratos temporales, las ruinas del pasado de la ciudad y las ruinas del gesto reciente, ambas diciéndonos que todo acto deja rastro, que nada desaparece del todo.
 
Cuando el Principito le pregunta al Geógrafo por su flor, la única rosa de su planeta, éste responde con frialdad que las flores no se registran. Son efímeras. Y lo efímero no tiene cabida en los libros. Pero paradójicamente el registro de todo lo duradero lo hace sobre un soporte tan frágil y efímero como el papel. Y esta paradoja sugiere una última pregunta: ¿Por qué para registrar, conservar y transmitir el conocimiento humano durante milenios, elegimos un material tan frágil y perecedero?
 
Quizás la rosa que el Geógrafo descartó era, en el fondo, lo único que merecía ser cartografiado.

Pedro Guirao

PEDRO GUIRAO

Nació en Murcia en 1972 y estudió Bellas Artes en Valencia, completando también su formación en Bruselas, en la École Nationale Supérieure des Arts Visuels de La Cambre. Comenzó trabajando principalmente desde lo visual, aunque pronto incorporó el sonido, la performance y la tecnología, dando lugar a trabajos que mezclan lenguajes y formatos: instalaciones, composiciones sonoras, objetos e intervenciones urbanas.
 
Sin considerarse exclusivamente un artista sonoro, el sonido, como herramienta y como materia, ocupa un lugar muy importante en su trabajo. Le interesa visibilizar lo imperceptible, investigando aspectos que, por su cotidianeidad, no reclaman nuestra atención, pero que sin embargo revelan lo que somos sin llamar la atención.
 
Ha presentado trabajos, tanto individuales como colaborativos, en espacios y festivales como Manifesta 8, el Centre del Carme Cultura Contemporània, el Hostpunkt Festival, el Centre d’Art Maristany, GlogauAIR, el Festival PNRM, Aboa Vetus Ars Nova Museum o el Centro Párraga.
 
En el ámbito de las artes escénicas, ha diseñado el sonido para distintas compañías como Periferia Teatro, Corpus Dance Projects o RukRuk Company. Colabora de forma continua con la compañía Onírica Mecánica, para la que ha creado el diseño sonoro de todos sus espectáculos desde 2016 —Frágil, El rumor del ruido, Alicia y las ciudades invisibles, RonemRam y Verne—, producciones que han viajado por España, Francia, Polonia, Turquía, Argentina, Corea del Sur y Canadá.
 
En los últimos años también ha desarrollado proyectos junto al artista Eduardo Balanza, donde el sonido se encuentra con la ciencia y la tecnología: Resonancias, La Orquesta Polifónica del Agua e Invernadero. En 2024, Resonancias recibió el Premio Alfonso X_Arte de los Nuevos Medios.
 
Fue además uno de los fundadores del espacio artístico independiente La Fragua y miembro del grupo de acción Corporación Bacilö.

Horario de visitas
lunes a sábado • 11 a 14 h. y 18:30 a 21 h. / domingos y festivos • 11 a 14 h.

 
EVENTOS ESPECIALES
 
Visita guiada con el artista. Pedro Guirao realizará una visita guiada por la exposición «Cartofonías» el miércoles 10 de junio a las 19h.
Lugar: Sala Pablo Puente
 
Clausura de la exposición. Pedro Guirao clausurará la exposición «Cartofonías» con una acción sonora, en la que creará en directo la pieza de «Territorios». Jueves 24 de junio a las 20h
Lugar: Sala Pablo Puente