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Teatrabstralia

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Teatrabstralia es un juego de palabras entre teatro y abstracto, términos que en principio no parecen tener un nexo en común. A través de la pintura abstracta es posible expresar emociones mediante el uso del color. Para llegar a entender un personaje teatral es necesario investigar sobre sus pasiones y anhelos. Profundizar en los sentimientos que le mueven y caracterizan. Por ello, en un principio se planteó un estudio de las emociones, el color y algunas de las figuras más representativas del teatro clásico, a través de la pintura abstracta. De hecho, a finales del 2019 se publica un artículo sobre esta temática en el número 20 de la Revista de investigación teatral, Anagnórisis:

En la escena teatral ha surgido un nuevo concepto conocido por posdrama. Este se caracteriza por otorgar libertad creadora al director de escena y de síntesis organizativa al espectador. Se rompe la linealidad de la obra, apostando por la acción simultanea de escenas u actos. Permitiendo que este último organice los fragmentos que está viendo y les dote de unidad compositiva. Por otro lado, el posdrama permite la hibridación del teatro con otras disciplinas artísticas, entre ellas la pintura. Esta concepción puede parecer innovadora, pero no lo es tanto. Ya durante el Renacimiento y el Barroco se otorgaba una particular atención al cromatismo de los elementos que configuraban la escenografía, el vestuario y la utilería de la representación teatral. Existía un código entre el color y el personaje que el público conocía y añadía información extra a la historia. (Colomina, 2019. Revista Anagnórisis, pp. 82-100).

Se ha asignado un color base con el que es posible identificar a los diferentes personajes que se han elegido en esta muestra.

Celestina ha sido asociada con el color negro que encarna el miedo, lo tenebroso y oscuro de un personaje que posee una psicología oscura y egoísta. En su universo se configura como hechicera, sometiendo la voluntad de los demás a su propio interés. En algunos de sus parlamentos realiza conjuros con fuerzas demoniacas y prepara pócimas con hierbas y especias. Su cuadro se ha realizado mezclando pintura y especias aromáticas. Puede percibirse el olor de su presencia.

En occidente el color blanco representa pureza y tranquilidad. Ofelia es obediente e inocente. La culpabilidad por amar al asesino de su padre, la conduce a elegir su destino fatal. En las versiones de William Shakespeare y Heiner Müller, son muchos los elementos de color blanco que acompañan al personaje.

«LAERTES: ¡Ahogada! ¿En dónde? ¡Cielos!
REINA: Allí donde en el río crece un sauce recostado que refleja hojas blancas en el agua cristalina»
(W. Shakespeare)

«Soy la mujer de la sobredosis nieve sobre los labios la mujer de la cabeza en el horno de gas»
(H. Müller)

Julieta, por el contrario, es un personaje que se rebela por su deseo de amar. Se ha representado con una gama de colores que oscila entre el rojo y el fucsia, representando la pasión, el amor, el arrebato ardiente del entusiasmo. Algo de blanco en la inocencia de la juventud y verde. El verde con su ambivalencia, la de la esperanza y la muerte.

He elegido el amarillo para representar al príncipe Hamlet porque es un color enérgico, vivaz, veloz y nervioso. Hamlet se debate entre la duda, la venganza y los celos. Es un personaje atormentado e impulsivo que finge estar loco para ejercer con libertad su vendetta. Y el resultado de sus acciones conduce a todos los personajes a un trágico final.

Segismundo es un ser reflexivo, mitad hombre, mitad fiera y anhelo. Vive aislado del mundo, solitario en su encierro. Los fríos azules del cuadro representan su vacío y la melancolía de tener una vida plena. El rojo y las manchas configuran un espectro entre la razón y el instinto. Esa dualidad le produce los arrebatos de violencia, pero también le guían para alcanzar el perdón.

El personaje teatral es un ente que permite ser interpretado mediante un actor o una actriz sin importar de estos últimos su condición masculina o femenina. Esta vez se ha pretendido reencarnarles por medio de la pintura.

El objetivo final es que el espectador conecte con el personaje clásico, dejando fluir su imaginación, al igual que ocurre en muchas de las propuestas escénicas más contemporáneas.

T. Colomina

T. Colomina

T. Colomina (1975) es profesora de artes plásticas en la Facultad de Educación de la Universidad de Murcia. Ha compaginando su labor investigativa en las facultades de Teatro y Educación de Évora y la Academia de Bellas Artes de Roma.

Estudió la especialidad de dirección escénica y dramaturgia en la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia. En 1999 entra como artista residente en el Colegio de España de París y asiste a la escuela de teatro físico de Jacques Lecoq. Durante este periodo comienza a colaborar con el dramaturgo Fernando Arrabal, para el que dirige la obra “El gran ceremonial”. Formó parte del movimiento patafísico, ligado al movimiento surrealista francés. Dirigiendo la performance “Efímero” durante la ceremonia de desocultación el 20 de abril del 2000.

En el 2001 comienza sus estudios de doctorado en la Facultad de Bellas Artes de Madrid. Compagina sus estudios trabajando para el productor teatral Luis Ramírez, el director Ángel García Moreno y la compañía Yllana, en los teatros Fígaro, Lara, Arlequín y Alfil. En obras de teatro como Doce hombres sin piedad, Annie, Spingo, 666.

En 2003 marcha a vivir hasta 2012 a India, Nepal, Tailandia e Indonesia, investigando en el campo de la expresión corporal, las artes plásticas, la muerte y el ritual. Tomando parte en el rodaje de la película “Lo imposible” de Juan Antonio Bayona.

A su regreso exhibe junto a la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada, una colección de vanitas. Realiza exposiciones en las galerías Babel y Chyss. Colabora con el Centro Párraga de Cultura Contemporánea de la Región de Murcia, la performer Erika Trejo, el director Joaquín Lisón, la compañía teatral La Ferroviaria, el escenógrafo Fernando Vidal y el Aula de Teatro de la Universidad de Murcia.