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Azul. Colección Abelló

Fundación Cajamurcia 0 3380

Arthur Schopenhauer, en su libro El mundo como voluntad y representación, define el arte como una vía para escapar del estado de infelicidad propio del hombre, siempre manteniendo una conexión directa con el conocimiento. Este puede ser uno de los principales motivos por los que los seres humanos buscamos el bienestar a través de distintas manifestaciones artísticas.

También podría tratarse de una de las causas por la que los expertos deciden rodearse de arte. En el Libro de los Pasajes, Walter Benjamin asegura que “la fascinación más profunda del coleccionista consiste en encerrar el objeto individual en un círculo mágico, congelándose éste mientras le atraviesa un último escalofrío (el escalofrío de ser adquirido). Todo lo recordado, pensado y sabido se convierte en el zócalo, marco, pedestal, precinto de su posesión”.  La creación de un círculo mágico que nos aleja de esa desdicha sería la excusa perfecta para atesorar una colección que atestigüe el amor por el arte de una persona y su intento de alejarse de la infelicidad.

Seguramente esto es algo que podemos decir de la Colección Abelló, una de las más completas de nuestro país, que abarca desde la Edad Media hasta el siglo XXI, y que es el resultado de un gusto personal que ha ido desarrollándose al mismo tiempo que la educación extrema de las miradas de Anna Gamazo y Juan Abelló.

Esta exposición evidencia que el arte que no ha dejado de evolucionar desde sus inicios, no solo como veremos en las técnicas y en los medios de expresión, sino en la eliminación de sus márgenes dejando de lado el debate rubenista y poussinista que surgió en Francia en el siglo XVII. Los primeros insistían en el color como lo primordial para el arte, mientras que los segundos se decantaban por la importancia del dibujo. No obstante, en las creaciones que nos ocupan vemos el sin sentido de tal debate y la desaparición de las fronteras entre uno y otro llegando a complementarse para ser los instrumentos perfectos para el creador. Como decía Diderot: “El dibujo es el que da forma a los seres; el color es el que les da la vida, el soplo divino que los anima”. Por eso sentencia: “Un semiconocedor pasará, sin detenerse, ante una obra maestra del dibujo, de la expresión, de la composición; el ojo nunca ha descuidado al colorista”.

La vida que proporcionan los pigmentos azules, protagonistas de esta muestra, han ido transmutándose a lo largo de los siglos: el azul egipcio, el lapislázuli, el azul cobalto, el turquesa (originario de Turquía), el ultramar, el índigo (procedente de la India) … son tonalidades heterogéneas. Aunque su uso fuera esporádico por su alto coste, finalmente lo hallamos en todas las paletas de los grandes pintores que obtuvieron en él un aliado perfecto.

Al fin y al cabo, como señaló Vasili Kandinsky, este color primario está unido directamente a la espiritualidad. Así, cuando estamos frente a este acervo pictórico de la colección Abelló, conseguimos sentir la melancolía en Picasso, los sueños en Joan Miró, el equilibrio en Gris, la eternidad en Maçip, la calma en Madrazo, la pasión en Dix, la fuerza en Richter, la luz en Sorolla, el ocaso en Pissarro… Convirtiéndose en nuestros salvadores para trasladarnos a la luminosa y profunda fascinación, al mágico escalofrío del arte, el que nos libera de la infelicidad.

María Toral
Comisaria de la exposición


HORARIO
De 11:00 a 14:00 y de 18:30 a 21:00 h.
Domingos y festivos de 11:00 a 14:00 h.
CERRADO: Viernes Santo, Bando de la Huerta y Entierro de la Sardina

VISITAS GUIADAS GRATUITAS
Miércoles, 11:00 a 13:00 y 19:00 a 21:00 h.
Reserva previa 968 23 46 47