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“Arqueologías” de Nono García

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Nono García presenta en esta exposición “Arqueologías” unos lienzos donde asoman con luz propia los vestigios de la cultura material que se custodia en los Museos Arqueológicos de la Región, a veces son copas, otras jarras o cazuelas, en definitiva objetos de uso cotidiano que evocan el murmullo de las gentes que habitaron el sureste a lo largo de la Historia. En otras obras, el frío mármol labrado por los romanos ha tomado color y plasticidad.

 

Arqueologías del tiempo

“La historia es maestra de la vida y testigo de los tiempos”
Cicerón

Hace unos años Nono García nos presentó una propuesta para la sala de exposiciones del Museo que giraba sobre el paso del tiempo. Aquella línea de trabajo dio como primer fruto su exposición “La espera”, donde presentaba una obra cargada de simbolismo como aquellos despertadores en desuso que aparecen amontonados en uno de sus lienzos.

Nono ha seguido esa estela del tiempo pero ahora el protagonismo lo ha cedido a esas piezas arqueológicas rescatadas del pasado, que el pintor nos traslada con cierto realismo, aunque rodeadas de una atmósfera cálida y llena de lirismo, donde su dominio de la luz y los pinceles permite casi acariciar las hojas de acanto del Capitel corintio del teatro romano o los pliegues del vestido de la citarista que acompaña al Altar de Júpiter, así como palpar el torso del dios Apolo, sentado en la roca sagrada, el omphalós, el ombligo del mundo. Obras labradas en mármol que decoraban el teatro romano y que, ahora llevadas a los lienzos, recuerdan el juego de luces y sombras tan frecuente en la pintura mural romana.

En el recorrido por la exposición el espectador se enfrentará a unos lienzos donde parecen asomar con luz propia esos vestigios de la cultura material que se custodia en los Museos Arqueológicos de la Región, a veces son copas, otras jarras o cazuelas, en definitiva objetos de uso cotidiano que evocan el murmullo de las gentes que habitaron el sureste a lo largo de la Historia. En otras piezas, el frío mármol labrado por los romanos ha tomado color y plasticidad.

El artista hace años que se entregó de lleno a la pintura desde su pueblo natal, Mula, por ello no ha podido resistirse a mostrarnos su mirada hacia la cultura ibérica que tan ricamente se expone en el Museo de Arte ibérico del Cigarralejo de Mula, piezas que fueron rescatadas de las entrañas de la tierra por un gran arqueólogo, Emeterio Cuadrado, y que ahora se exponen en las salas del Museo. Nono fija su atención en aquellas Vitrinas de Cerámicas Ibéricas del Museo, que tuve la enorme suerte de tener entre mis manos durante su montaje, ellas evocan la maestría de aquellos alfareros íberos, su dominio del torno y del pincel múltiple, la variedad de formas y formatos, algunas de ellas usadas en vida por sus moradores también le acompañaron como recipientes de sus cenizas. El artista nos muestra estos ajuares como bodegones cargados de matices casi atemporales, ya que asume y hace propia una larga tradición pictórica que se inicia con la primera figuración de bodegones cotidianos en el llamado segundo estilo pompeyano.

En la serie de amplio formato, a modo de colgaduras, Nono deja ver esa especial relación de las vajillas usadas a un lado y otro del Mediterráneo antiguo y medieval, así la crátera ática de figuras rojas tiene su reinterpretación en las crátera ibérica del Museo del Cigarralejo, cuya forma también sirvió de inspiración a los alfareros árabes, que la reelaboran para un uso ritual, decorando la jarra de Siyâsa con aves afrontadas y la mano de Fátima, una de las piezas más bellas conservada en el Museo de Cieza, que el artista rescata con las veladuras del tiempo como si hubiera realizado un revoco que se hubiese diluido con el paso de los siglos.

En la serie Pequeñas arqueologías, el artista da protagonismo a joyas arqueológicas de nuestros museos, a esa copa argárica donde vemos el reflejo de su bruñido. La copa, elemento de prestigio de esa sociedad de los metales también tiene su continuidad en la copa torneada del mundo ibérico. Platos, copas y vasos usados por las gentes de una cultura mediterránea donde también tiene su presencia en esta serie los objetos que evocan las creencias y rituales de una sociedad. Así los caballitos hallados en el Santuario Ibérico del Cigarralejo, tallados en piedra arenisca, son exvotos a una divinidad protectora de los caballos, y nos trasladan la importancia de este animal en la Antigüedad, tanto en la guerra como en las actividades cotidianas y el comercio. La sencilla iluminación del hogar de Medina Siyâsa, con la luz del candil, o la lámpara de cristal que iluminaba la Judería de Lorca, son retazos que nos acercan a nuestras raíces, fragmentos que ha seleccionado el artista de nuestra Historia.

En otro formato, Nono nos muestra piezas tan singulares como el Kalathos de los lobos del Verdolay, o el fantástico Vaso de los guerreros del Museo del Cigarralejo, donde se dibuja el desfile militar de esos guerreros con su escudo y su lanza, pero también a esos músicos con la cítara y el aulos. Ello nos recuerda que las mujeres ibéricas no sólo cuidaron del hogar y se ocuparon de las tareas domésticas, sino que también fueron sacerdotisas, participaron en las grandes ceremonias en las que tocaban instrumentos como la divinidad femenina tocando la cítara en terracota hallada en la necrópolis del Cabecico del Tesoro, que Nono recupera en sus lienzos.

El pebetero de Deméter/Tanit nos susurra el sincretismo religioso del mundo antiguo, iconos o imágenes compartidas por miles de personas que a lo largo de los siglos forjaron nuestra historia. Como la Herma hallada en la calle Monroy de Cartagena, una evocación arcaizante de Dionisio, donde el artista se ha esmerado en el claro oscuro de las bandas de rizos sobre la frente de este dios tan querido a orillas del Mediterráneo.

Arqueologías de una tierra donde navegaron y habitaron fenicios, griegos, cartagineses, romanos, árabes, judíos y cristianos. Historias como la del barrio bizantino sobre el teatro romano destruido por los godos, donde las techumbres de sus casas aplastaron los ajuares cotidianos de sus moradores, ajuares que Nono recupera, recordando las múltiples civilizaciones que han pasado por estas tierras.

Una exposición que se inaugura en el Museo Teatro Romano de Cartagena, cuya última sala es el propio edificio teatral, hallado en el corazón de la ciudad, y oculto por diversos barrios, que también son retazos de la historia. En su proceso creativo el artista ha utilizado sus pinceles como lenguaje poético y evoca la profunda admiración por esos objetos rescatados del pasado, a ese gran puzle de nuestra Historia. Nono recupera esa memoria ahora reelaborada desde la perspectiva del arte contemporáneo, buscando ese punto de encuentro y de diálogo con nuestros ancestros.

Elena Ruiz Valderas
Directora del Museo Teatro Romano Cartagena