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Entrevista a Ramón Tamames

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Ramón Tamames (Madrid, 1 de noviembre de 1933) , Catedrático de Estructura Económica  y ensayista de éxito dio una brillante conferencia el pasado jueves 9 de octubre en el Centro Cultural de Cajamurcia de Cartagena, donde nos habló de sus dos últimos libros publicados, “Más que una memoria” (RBA) y “¿Adónde vas Cataluña? Como salir del laberinto independentista” (Planeta).

Antes de la conferencia concedió una interesante entrevista al periodista de La Verdad, Antonio Arco, la cual hemos querido transcribir para que la podáis disfrutar.

¿En qué no ha cambiado?

En que me siguen interesando mucho la economía, la visión ecológica del planeta y cómo conseguir, a través de las relaciones internacionales, mantener la paz. En las dos últimas cuestiones mantengo lo de siempre: hay que respetar los equilibrios del planeta, ir a un gran acuerdo mundial, como el que ya se está negociando sobre el calentamiento global y el cambio climático; el año que viene, en París, habrá un nuevo tratado que tendrá que entrar en vigor en 2020.

Le recuerdo que son muchos los políticos que se han reído durante años de las advertencias de científicos y ecologistas

Ineptos hay en todas partes. El futuro del planeta y del hombre depende de que seamos capaces de tomar decisiones a tiempo, sin duda, porque desde la revolución industrial somos la especie más depredadora. El hombre se ha convertido en el mayor peligro para todos los equilibrios ecológicos del planeta. Yo lo que digo es que o conservamos la tierra que habitamos o seremos expulsados del único paraíso conocido, que hemos de reconquistar. Es necesaria la ética ecológica si nos importan las generaciones venideras. Por otro lado, sabemos que hoy, con el arma atómica, sería posible la guerra total, la destrucción absoluta. Hay que ponerse de acuerdo en la reforma de la Carta de Naciones Unidas, que tiene que ser democrática; ya no sirve un Consejo de Seguridad donde mandan cinco países.

Y en cuanto a la economía, hoy tan tristemente de moda, ¿qué modelo defiende?

Apuesto por una economía fundamentalmente de mercado, pero con correcciones para evitar los abusos de éste. Quizás esté hoy en un planteamiento más liberal que hace años, aunque nunca me propuse una socialización de los medios de producción, ni tampoco plantee la situación de un dirigismo económica total.

¿Cómo definiría el capitalismo?

Lo dije en mi ensayo “El mundo en que vivimos”: es un gato de siete vidas. Ha estado amenazado muchas veces pero ha resurgido y se ha reformado. La experiencia del socialismo científico, que decía Marx, es una experiencia que hasta ahora no ha tenido éxito. Por ejemplo, vemos que China ha evolucionado claramente del comunismo igualitario de Mao hacia un capitalismo de Estado que, quizás, en el futuro entre en formas occidentales mucho más claras. Vivimos en un mundo que ha mejorado mucho, qué duda cabe, aunque claro que es necesario reformar el capitalismo del siglo XXI. Lo plantea Thomas Piketty en su último libro “El Capital en el siglo XXI”. Tiene que estar en continua reforma, y hay que darse cuenta que la redistribución de la renta es un factor fundamental para luchar contra la crisis.

¿Nostálgico?

No, en absoluto. Leí un libro estupendo de José Luis de Villalonga, “La nostalgia es un error”. Es cierto que ésta puede acabar en la hipocondría.

¿Ha podido vivir como le ha dado la gana?

Digamos que es cierto que siempre he hecho lo que he creído más conveniente; y, si usted me permite ponerme una medalla a mí mismo, le añadiría que también lo que creía que era lo más correcto.

Por ejemplo…

Estuve en el Partido Comunista (PCE), cuando creo que había que estar, porque era el único partido que luchaba contra el franquismo, y me fui del PCE cuando vi que, a pesar de la llegada de la democracia a España, no era un partido realmente democrático. Es un cambio que tuve que hacer porque había que obrar en consecuencia con la nueva situación democrática que conseguimos en 1977.

¿Qué no ha sido usted?

Mire, no he sido un obseso de la política. Para triunfar en la política, y llegar donde algunos quieren, hay que ser un obseso de ella y no pensar en otra cosa. Pero a mí me gusta para que me entienda, desde la literatura y la pintura hasta la música, el excursionismo y la jardinería. Por lo tanto, he procurado disfrutar de la vida en lo que he podido; y, si además me he ocupado algo de mis semejantes, pues miel sobre hojuelas.

¿Usted qué enseñanza considera fundamental?

La de lo importante que es persistir; hay que ser persistente. En 1956, cuando siendo estudiantes dimos con nuestros huesos en la cárcel de Carabanchel por nuestra lucha contra el franquismo, a mí, entre otras cosas, me acusaron de que había dicho en varias ocasiones que España necesitaba una Constitución democrática. Efectivamente, lo dije y lo defendí, incluso, cuando estábamos en la Dirección General de Seguridad. Había que persistir, y lo hicimos. Nos costó 22 años a partir de 1956, pero la logramos: tenemos una Constitución bastante buena, lo cual no es óbice para pensar que, en algunos casos, habrá que reformarla en el futuro.

¿Qué no echa de menos?

Rafael Alberti, un gran amigo que, incluso, me dedicó un largo poema cuando me presenté a las elecciones municipales en Madrid, en 1979, decía que quería una sociedad sin clases y, también, sin reuniones políticas. Efectivamente, las reuniones políticas, son agotadoras y, las más de las veces, inútiles. El propio Mao, en su “Libro Rojo”, dice que una reunión que dure más de 2 horas es innecesaria.

¿Qué es importante en política?

Si la política no se hace con amor, es politiquería. La gran política se hace con amor.

¿Qué ha experimentado que le viene muy bien, que le resulta muy útil?

Confesar mis errores, reconocerlos y aprender de ellos para mejorar en el futuro. Yo he tenido una educación cristiana, aunque no soy un practicante ejemplar, ni mucho menos. Filosóficamente, la idea del cristianismo me parece que es verdaderamente única; ahí está, por ejemplo, el Sermón de la Montaña. Muchas veces, la falta de una cierta confianza que da la fe conduce a la desesperación. Y, a veces, sustituir la confesión por los psicólogos y los psiquiatras conduce a mucha gente a situaciones límite. Napoleón dijo una cosa que yo no apoyo ni dejo de apoyar: “Por cada cura que quitéis, tendréis que poner diez policías”. La idea de pecado ha desaparecido, y con ella otras muchas cosas. Indudablemente, hay pecados.

¿Cuál sería el peor?

Matar al prójimo y, según el cristianismo, no amar a Dios por encima de todas las cosas.

¿Cree usted hoy en Él?

Mire, me gusta mucho la astronomía, e intento saber, por ejemplo, lo que es la física cuántica y qué está pasando hoy en el Universo; y entiendo que el Universo no está ahí porque sí, creo que hay algo más.

¿Cómo lleva el clima de corrupción en este país?

Realmente, la corrupción es ubicua, la encontramos en todos los niveles; ahí tenemos el famoso “¿con IVA o sin IVA?”. Pero la corrupción de los que están dentro del poder es absolutamente perniciosa. Si no tomamos decisiones radicales, el sistema político se convertirá en un pesado e inútil armatoste, como en parte lo es ya. Debe ser una lucha sin cuartel.

¿Con qué presidente democrático español se queda usted?

Con Adolfo Suárez, sin duda ninguna. En cierto modo, para España fue un hombre providencial.

¿Y tras él bajó mucho el listón?

Tras él, lo que pasó es que nos hemos ido metiendo en vericuetos que se han debido, en gran parte, a la permisibilidad de los gobiernos frente a los nacionalismos. Y, así, hemos acabado como hemos acabado.

¿Qué opina de Podemos?

Que es un movimiento que en algún momento tenía que surgir. Lo que ha sabido Pablo Iglesias ha sido aunar unas actitudes de crítica al sistema provocadas por la corrupción, la ineficacia, la desorganización y todo lo demás; todo eso ha conducido a que Podemos haya tenido en las europeas un millón y medio de votantes. Y, en las próximas autonómicas y municipales, y en las siguientes generales, podría seguir incluso progresando. Es un movimiento que tiene su lógica, pero no comparto los remedios que sus líderes proponen. Me imagino que irán llamando a economistas para hacer un programa distinto al que ahora defienden. Acabar con la deuda del Estado, rechazar a los empresarios, poner los salarios al máximo, subir las pensiones lo que no se puede subir, etc.; los de Podemos ya se están dando cuenta que proponen remedios imposibles  y supongo que los irán refinando.

De momento, como señaló Julio Anguita, han logrado poner muy nerviosos a los dos partidos mayoritarios.

Es cierto, incluso yo diría que excesivamente nerviosos. Podemos tendrá un techo que no está tan lejano; y, además, creo que cuando tengan el programa electoral que están construyendo asambleariamente, serán un partido político mucho más parecido a lo que ya hay en el mercado.

Frente al proceso independentista catalán, ¿qué es lo mejor que se puede hacer?

Lo mejor es aplicar la Constitución porque, mientras no se cambie, es nuestra ley de leyes.

Por cierto, cuando ejerce de jardinero, ¿con qué disfruta más?

En primavera, poniendo los esquejes de los geranios; en invierno, podando; en verano, regando; y en otoño, viendo como enrojecen las parras vírgenes y los arces.