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El monasterio de Santa Clara la Real

En noviembre de 1995 fue suscrito el convenio marco para la rehabilitación del convento de Santa Clara la Real de Murcia entre la Consejería de Cultura y Educación, el Ayuntamiento de Murcia, la Caja de Ahorros de Murcia y la Comunidad de Monjas Clarisas, con el fin de “ofrecer a la Ciudad de Murcia y a sus visitantes el Real Monasterio como centro cultural que proyecte al siglo XXI un entorno de indudable valor artístico y que hunde sus raíces históricas en la Baja Edad Media”.

Imagen del patio con el claustro del monasterio al fondo. Tomada de Wikipedia

Imagen del patio con el claustro del monasterio al fondo. Tomada de Wikipedia

Las partes convinieron la cooperación para la recuperación total del conjunto monacal como centro cultural y su posterior funcionamiento como tal, que habría de ser compatible con el uso conventual, “dotando de modo prioritario al convento de habitabilidad y funcionalidad”.

El Monasterio de Santa Clara la Real de Murcia fue fundado aprovechando las ruinas del palacio islámico del siglo XIII,  en el que habitaron los últimos reyes musulmanes murcianos. Los restos de aquella arquitectura islámica se conservaron entre las sucesivas reformas y consolidaciones; pero también en el subsuelo, donde quedaron enterrados los testigos de anteriores edificaciones. Cuatro metros y medio de siglos, de depósitos, que ocho siglos y medio de ocupación -de historia murciana- habían ido dejando bajo el nivel de la actual ciudad, y que constituían uno de los más valiosos testimonios de sus raíces.

El Monasterio de Clarisas, SIETE SIGLOS DE CLAUSURA

Las Casas Reales donadas a las monjas estaban en muy mal estado de conservación, por lo que, después de conseguir permiso del obispo D. Nicolás de Aguilar, el 5 de febrero de 1367, para edificar monasterio e iglesia y para pedir limosna para consolidar y acondicionar el edificio, comenzaron las Clarisas con las tareas de adaptar las fábricas palaciales arruinadas a sus necesidades funcionales, con esa parquedad que marcaba la Regla de la Orden de Santa Clara.

Las Clarisas, que no necesitaban más que lo justo para vivir su regla de pobreza, organizaron la vida en torno al espacio libre interior del jardín de la residencia real del siglo XIII, que se conformó como claustro al irle añadiendo arquerías en sus laterales, aprovechando y transformando los espacios preexistentes para refectorio, cocina, letrinas, lavadero, despensas y el dormitorio común, donde ardía toda la noche una luz encendida.

Se construyó la primera iglesia conventual donde rezar desde el coro y con separación bastante de los fieles que asistieran a las celebraciones litúrgicas, y se rodeó de terreno suficiente para proteger la intimidad de la clausura.

Un nuevo orden se ha instalado en parte del lugar permitiendo su visita y disfrute, tratando de no alterar esa manera de estar en el mundo de la comunidad de monjas Clarisas que habita el sitio desde hace más de siete siglos y que constituye un interesante capítulo de la historia de Murcia.