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La cantante calva

Actividades, Agenda, Cultura, Festivales, Semana Grande, Teatro fcajamurcia 0 513

En 1948, antes de escribir mi primera pieza: La cantante calva, no quería convertirme en un autor teatral. Ambicionaba simplemente aprender inglés. El aprendizaje del inglés no conduce necesariamente a la dramaturgia. Al contrario, me convertí en un autor teatral porque no logré aprender inglés. He aquí lo que me sucedió: para aprender inglés compré un manual de conversación franco-inglesa.

Me puse a trabajar. Copié concienzudamente las frases extraídas de mi manual para aprenderlas de memoria. Releyéndolas atentamente, no aprendí inglés pero sí, en cambio, verdades sorprendentes: que hay siete días de la semana, por ejemplo, lo que, por otra parte, sabía; o bien, que abajo está el suelo y arriba el techo, lo que sabía igualmente pero en lo cual nunca había reflexionado seriamente o lo había olvidado, y que me parecía, de pronto, tan asombroso como indiscutiblemente cierto.

En la tercera lección aparecían dos personajes que nunca supe si era real eso inventados: el señor y la señora Smith, una pareja de ingleses. Ante mi gran asombro, la señora Smith informaba a su marido que tenían varios hijos, que vivían en los alrededores de Londres, que su apellido era Smith, que tenían una sirvienta llamada Mary y que tenían unos amigos que se llamaban Martin. Me permito señalar el carácter indudable, perfectamente axiomático, de las afirmaciones de la señora Smith. En las siguientes lecciones aparecían los Martin; la conversación se entablaba entre los cuatro y sobre los axiomas elementales se edificaban las verdades más complejas: “El campo es más tranquilo que una ciudad ruidosa” afirmaban unos; “sí, pero la ciudad es más densa, hay muchos negocios”, replicaban los otros, lo que es igualmente cierto y prueba, además, que verdades antagónicas pueden coexistir perfectamente. Tuve entonces una revelación. Ya no se trataba de aprender inglés, mi ambición era mucho mayor: comunicar a mis contemporáneos las verdades esenciales reveladas por el manual. Lo que tenía que hacer, pues, era una pieza de teatro. Escribí así La cantante calva. ¿Y por qué se llama La cantante calva? Se llama así porque ninguna cantante, calva o cabelluda hace su aparición.

Fragmento de NOTAS Y CONTRANOTAS de Eugène Ionesco

Sesenta y siete años después de su estreno en París, La cantante calva, primera obra dramática de Eugène Iionesco y ejemplo nítido del teatro del absurdo, llega al Teatro Romea, en un montaje dirigido por Luis Luque. Adriana Ozores, Javier Pereira, Helena Lanza, Fernando Tejero, Carmen Ruiz y Joaquín Climent protagonizan esta historia circular, mezcla impecable de comedia y amargura.

La intriga planea en este texto ensoñador, sobre el encuentro de dos parejas en un palacete caduco y algo rancio, al que se unen una sirvienta fogosa y disparatada y un bombero en busca de un fuego inexistente.

Venta de localidades en taquilla:  19/ 25/ 29 euros